31.12.05

Las reglas del juego (poético, poéticas)

La poesía debe ser hecha por todos.
Lautréamont


La lectura de Construcción ha vuelto a meterme el gusanillo de la poesía. Pero yo hace ya años que no escribo poemas: estoy poéticamente muerto. Soy un poeta muerto. Entonces, para distraer ese gusanillo, he concebido este proyecto por el que haré el gran poema de 2006 sin escribir ni una sola palabra.

Las palabras, las frases, las escribirá Arcadi Espada. Yo solamente borraré casi todas las que él escriba hasta dejar unas cuantas: éstas irán componiendo el poema.

Me serviré, cada día, de las anotaciones de Arcadi Espada en su blog. Es una cantera de mármol incesante, de mármol diario en el que yo tallaré (algo toscamente) mis versos. Como Buonarrotti, tendré que encontrar en cada bloque su veta poética, el atisbo del día. O decidir cuál es. (La particularidad, por cierto, del mármol arcádico es que será consciente del poema que se está elaborando y eso puede convertirlo en un mármol burlón que trate de presentarle versos al escultor/poeta, que también es consciente de esta posibilidad: pero ambas autoconsciencias abismándose en un juego infinito de espejos no hacen sino añadirle modernidad al poema.)

De cada jornada sacaré una estrofa (o sección), que puede constar de una sola palabra o de más (normalmente de más). Su presentación será simple: por mera yuxtaposición de lo que quede. Me impongo la regla de no alterar el orden en que las palabras y las frases hayan aparecido en el texto original. Puedo eliminar todo lo que considere sobrante (con vistas al efecto estético -¡o antiestético!), pero no cambiar de posición los elementos.

Por supuesto que hay infinitos poemas posibles: empezando por el poema que el texto de Arcadi Espada constituye en sí mismo. Yo ofreceré sólo el mío (o uno de los míos), pero cualquiera puede hacer el suyo (¡o los suyos!). El poema irá apareciendo del modo en que es habitual en los blogs: la anotación nueva por encima de la anterior. Pero el último día de cada mes colgaré la tirada de dicho mes en su orden correcto (aunque está claro que en el orden invertido es también un poema: otro poema -que desaparecerá mensualmente de este blog). Me concedo la licencia de hacer las últimas correcciones entonces: un nuevo repaso sustractor y (quizá) la recomposición de algunos versos. El 1 de enero 2007 presentaré el poema entero en su aspecto definitivo.

Éste constará de doce cantos, cada uno de los cuales se corresponderá con un mes. Pero el nombre del mes no aparecerá finalmente, sólo su número romano (del I al XII). Dentro de cada canto, las diferentes estrofas o secciones (cada una correspondiente a un día) irán separadas por un espacio en blanco. Las estrofas van propiamente sin numerar (se eliminarán por tanto las fechas que las encabezan en el blog), pero al ser editadas podrá ponerse el número del día en una columna separada a la izquierda, como se hace a veces en los poemas largos para llevar la cuenta de los versos. En cuanto al formato: elimino las mayúsculas (salvo en los nombres propios y en las palabras que aparezcan deliberadamente en mayúsculas) y todos los signos de puntuación, salvo cuando sean considerados significativos; elimino también las comillas, de modo que lo escrito por el propio Arcadi Espada y lo citado por él de otros autores queda integrado en el mismo cuerpo (en el mismo cuerpo deshilachado).

Puede ser una tarea entretenida y fecunda, o puede ser una tarea aburrida y estéril. Yo me la impongo como disciplina para todo el año. Lo higiénico es que yo, como autor, desaparezco: sólo me manifestaré en mis cortes. En este discreto trabajo de cincelado leve y volátil que permite el cortaypega del procesador de textos. En el poema no se notará nada de lo que yo haga o me pase a lo largo del año: salvo, claro está, aquello que pueda imposibilitarme físicamente seguir con la tarea. La aparición diaria de los versos será el único indicio virtual de que sigo respirando en el mundo real.

Aparte de en Construcción, la inspiración está en un poema largo que intenté escribir hace tiempo y que se quedó en un colapso nihilista (aunque con gracia: fue, después de todo, un poema perfecto), además de en otros experimentos menores en la línea de ahora. También estaría flotando en mi mente la idea de un libro que salió hace poco en Caballo de Troya, El año que tampoco hicimos la Revolución (más que el libro en sí, que sólo he hojeado, la reseña de Félix de Azúa). O el texto (un poema, precisamente) que montó el propio Arcadi Espada en su blog el 12 de marzo de 2004 con retazos de los comentarios de sus lectores sobre el atentado del día anterior. Hay también inspiraciones más antiguas, y quizá por ello más decisivas en el fondo: el ejemplo de mi admiradísimo (¡y queridísimo!) Marcel Duchamp con sus ready-mades (este proyecto es, en verdad, un enorme ready-made: sólo que un ready-made muy elíptico, en el que se deshace casi todo lo ya hecho), o los juegos surrealistas del cadáver exquisito y la composición de poemas con recortes de periódico, a los que me entregué en su día. Me acuerdo igualmente de Zona del gran Apollinaire, Las voces de Tlatelolco de José Emilio Pacheco (poema construido con frases entresacadas de una crónica periodística) o de Piedra de sol de Octavio Paz , en lo que al intento de recrear analógicamente un año en un poema se refiere (aunque en su caso el número de días no se corresponde con los del ciclo de la Tierra, sino de Venus). O de cierta poesía oriental (¡el haiku!), cuya lectura nos ha adiestrado en los atisbos de lo fragmentario. O de ese tipo de empeños más o menos artísticos que uno escucha de vez en cuando: la mujer francesa (descubierta por La Flaneuse) que lleva años fotografiándose cada semana en el mismo fotomatón, o el proyecto fotográfico de Auggie Wren en Smoke (empeños que cobran belleza por acumulación). Y hay finalmente, por decirlo así, post-inspiraciones: libros que he leído después de haber concebido este proyecto, como estos dos recomendados por Vicente Luis Mora: El día que dejé de leer El País de Jorge Riechmann (que usa este mismo procedimiento en varios de sus textos) y Joan Fontaine Odisea de Agustín Fernández Mallo (excelente poemario postpoético). Supongo que en un recuento como este, por parcial que sea, no puede dejar de citarse a Eliot: "You cannot say, or guess, for you know only / A heap of broken images, where the sun beats [no lo puedes decir, ni adivinar, pues conoces sólo / un montón de imágenes rotas, en que da el sol]."

Pero no nos pongamos tan estupendos: esto, al fin y al cabo, no es tanto un poema como un juego poético. Sólo que la primera regla del juego (una pretensión) es llamarlo poema -e invitar a que se lea como tal. Como tal, también, va a ir escribiéndose (soy un poeta muerto al que le siguen creciendo el pelo y las uñas). Me detengo un momento y pienso que estoy (¡estamos!) ante las puertas del año 2006. En estos instantes (¡dan cosquillas!) en que el poema está enteramente por venir.